martes, mayo 4

¿No crees tú?



















Señora,. . . señor;
yo siempre pienso
que ustedes no valen la pena
ni menos su sistema.
Me aburren los historiadores
de la página social
y los pormenores.

¿Qué no estoy satisfecho
con los indignos y eruditos
perversos del cohecho
ni con los dichos del suscrito
Lo sé.
Me lo han dicho los mayores.

Ocurre
que me canso de ustedes
y deseo que no existan
sus predicadores
sus eminencias plenipotenciarias
ni custodios de doctrina
ni doctores con su salmo de rencores
ni siquiera los comentaristas de complejidades.

Lo que tiene que ocurrir
es un desacuerdo conveniente
de mis hoscos pensamientos
y la cloaca pestilente de los suyos
sin mutuos perdones.

Porque son la misma cosa;
una crema y una costra,
sin diferencias razonables
que valgan la pena
tanto hastío
ni mucho menos causar preocupaciones incendiarias
a los lectores de este anómalo poema.

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